Elecciones 2027: el mercado ya evalúa escenarios concretos y su impacto sobre la economía
Los informes de la city manifiestan sus dudas acerca de lo que podría suceder el año que viene, si se tiene en cuenta que hay partes del plan económico que aún no están consolidadas.
Con ciertas dificultades para consolidar el plan económico, el mercado ya se pregunta qué podría suceder el año que viene en las elecciones presidenciales y evalúa distintos escenarios y su posible impacto. Las internas en el oficialismo, junto con las tensiones que se viven en la microeconomía, juegan en contra, pero una balanza energética consolidada podría mitigar ciertas preocupaciones ante un cambio de signo político. Más allá de eso, desde la city advierten que el factor político pesa cada vez más en el rumbo económico.
Por eso, desde la consultora 1816 ya adelantaron que “es inevitable que el mercado tenga ansiedad alrededor de las próximas elecciones, por más que todavía falte mucho”. Es que, “si analizamos los últimos 20 años, las subas diarias más grandes del Merval en dólares fueron con los triunfos de Milei y las caídas diarias más grandes se dieron, además de durante la pandemia, con las derrotas de Macri y de Milei”, remarcaron.
Pero no solo desde ese informe mencionan al año electoral como un factor a tener en cuenta desde ahora, sino que también desde Qualy consideran que la situación política empieza nuevamente a convertirse en una variable económica relevante. “La pérdida de cohesión interna dentro del oficialismo y las dificultades para construir acuerdos legislativos generan interrogantes sobre la capacidad de sostener reformas complejas y administrar eventuales tensiones macroeconómicas futuras”, explicaron.
Al respecto, proyectaron que el mercado puede convivir con un crecimiento moderado o incluso con cierta debilidad social transitoria, pero que tiene más dificultades para procesar escenarios donde aumenta la percepción de inconsistencia o reversibilidad del programa económico. En este sentido, “el deterioro político agrega fragilidad a una estabilización que todavía no terminó de consolidarse”, sentenciaron.
En esa línea, cabe mencionar algunos indicadores que comienzan a preocupar. Según Poliarquía-UTDT, el Índice de Confianza en el Gobierno, que correlaciona muy bien con los votos al oficialismo en elecciones nacionales, cayó por sexto mes consecutivo en mayo, pero aun así se mantiene en niveles cercanos al 40%.
“Esto confirma que el deterioro de la confianza se ha vuelto más persistente. Llamativamente, la evolución del índice ha seguido de cerca una dinámica similar a la observada durante el gobierno de Mauricio Macri en 2018, antes del impacto pleno del ‘sudden stop’. El riesgo político podría comenzar a jugar un papel más visible en la valuación de los activos si la confianza no logra estabilizarse en los próximos meses”, agregaron desde Adcap.
A su vez, la última medición de AtlasIntel/Bloomberg deja datos más alentadores para el Gobierno: la aprobación de Milei subió hasta casi el 40%, cuatro puntos por encima de abril, mientras que la desaprobación cayó cerca de cinco puntos, hasta el 58%, luego de haber alcanzado un máximo de 63% el mes anterior. “La mejora parece estar vinculada a la desaceleración de la inflación, ya que la proporción de votantes que identifica a la inflación como principal preocupación descendió del 36% al 31%. Sin embargo, la corrupción y el desempleo continúan siendo las principales inquietudes de los votantes”, agregaron desde Adcap.
La balanza energética: ¿la clave para evitar turbulencias políticas en 2027?
Uno de los informes de la city que más se detuvo a analizar los posibles escenarios de cara a 2027 es el de 1816. Según la consultora, si se produce un eventual triunfo del peronismo, el efecto negativo en los mercados podría quedar mitigado por la transformación que está viviendo el país en materia energética.
Para ilustrar esta hipótesis se basaron en los datos recientes. Solo en abril, la energía tuvo un superávit de u$s1.402 millones, que ayudó a explicar que el país registrara una balanza comercial positiva de u$s2.710 millones en el mes.
Según estimaciones oficiales, en el próximo mandato presidencial (2028-2031) el saldo comercial combinado de energía y minería será de u$s43.000 millones anuales promedio, frente a apenas u$s1.000 millones durante la gestión de Alberto Fernández (2020-2023), unos u$s11.000 millones promedio en los primeros dos años de Milei (2024-2025) y alrededor de u$s20.000 millones, que equivale una cosecha “normal” de soja.
En otras palabras, “aun considerando que esos números dependerán de que se ejecuten ciertas inversiones, el cambio de las cuentas externas será de tal magnitud que, en el escenario de máxima, facilitará que el país pueda salir de décadas de estancamiento, pero en el escenario de mínima quizás permita que la macro soporte políticas que en otro contexto serían insostenibles en el muy corto plazo”, analizaron desde 1816.
Para estos expertos de la city, esta proyección le indicaría al mercado que el Bonar 2028 (AO28) podría terminar pagándose en cualquier escenario político, por citar un ejemplo.
“El horizonte 2027 combina un shock exógeno potencialmente favorable, por la alta probabilidad de un evento El Niño de intensidad significativa que impulsaría la cosecha gruesa 2026/27 y el flujo de divisas agropecuarias, con el dinamismo exportador de la minería, cuyas ventas externas podrían superar los u$s9.000 millones este año. Ambos factores contribuyen a la acumulación de reservas y al resultado fiscal, pero su transmisión al empleo y al consumo interno es estructuralmente limitada”, agregaron desde Epyca sobre las proyecciones de cara a 2027.
La dimensión política vuelve a ganar relevancia económica
Pero más allá de lo que podría suceder en el próximo período, desde Qualy sostienen que el factor político empieza a ganar relevancia mientras el plan económico no termina de consolidarse. En cuanto al tipo de cambio, explicaron que la disponibilidad de divisas continúa descansando en tres pilares principales: la liquidación de la cosecha agrícola, la expansión de las exportaciones energéticas y mineras, y el apoyo financiero de organismos multilaterales.
“Esto implica que la estabilidad cambiaria sigue siendo sensible al contexto internacional y a la dinámica estacional del ingreso de dólares. En consecuencia, todavía no se configuró un escenario que permita prever inversiones de largo plazo con un nivel alto de certidumbre”, detallaron.
Por otra parte, marcaron también como un riesgo que la demanda interna sigue sin mostrar un motor claro de recuperación. “El consumo privado continúa operando en niveles bajos. Los salarios reales muestran una recuperación limitada y heterogénea, el crédito al consumo perdió capacidad de expansión y el deterioro de la mora familiar refleja presupuestos domésticos muy tensionados”, detallaron.
Por último, y no menos importante, la economía real continúa mostrando una fuerte fragmentación sectorial, ya que conviven actividades genuinamente dinámicas con otras que operan en un entorno claramente recesivo. “Esta dualidad se transformó en uno de los rasgos estructurales más importantes del escenario actual”, concluyeron, y supone otro riesgo para el actual plan económico.


